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PEQUEÑAS ALEGRÍAS, 10: AMPARO, PILAR Y "PILI PILONCHA NOS EXPLICAN QUIÉN ES ESE CORONAVIRUS.

Cuando empecé este blog me hice la propuesta de recopilar al menos diez pequeñas alegrías que habían servido para llevar mejor los quince días del estado de alarma. Sí, han leído bien, ¡quince días! porque no pensaba que el confinamiento fuese a durar mucho más. Anoté esa fecha en el almanaque bien grande y en color rojo y empecé a hacer una modesta recopilación con las iniciativas más originales que empezaron a surgir aquí y allá de manera expontánea. Hace cuarenta y pico días era así de ingenuo, ahora ya no tanto, qué remedio, de hecho me he pasado al bando de los que desconfía cuando le dicen que ya mismo estaremos tomando cañas en los bares. Lo que no ha cambiado desde que empezó el encierro es la sorpresa y alegría que me siguen produciendo la creatividad que demuestran tantas personas a la hora de contarnos su visión sobre esto del coronovirus, los trastornos que ha ocasionado en su vida diaria y como los están superando. No podía imaginarme que en el mundo había tantos artistas agazapados, algunos de ellos tan cerca de mí.

Hoy la alegría me llega de la mano de Amparo, su hija Pilar (gran ventrílocua) y su amiga “Pili Piloncha” que nos explican en un simpático cuento quién es ese bicho llamado coronavirus. Olvidaros de guías de la OMS, recomendaciones del Ministerio de Sanidad o incluso de los whatsapp que os mande vuestro cuñao favorito... En este vídeo os explican pasa a paso la evolución de la pandemia y lo que hay que hacer para luchar contra ella. ¡Ideal para todos los públicos! Comenta Amparo que dentro de poco, Pilar va a crear su propio canal en youtube, del cual estaremos muy pendientes. ¡Buena semana y ánimo!

PEQUEÑAS ALEGRÍAS, 8: MI VECINDARIO Y LA CURVA DE LA ESPERANZA.

Pasan los días y cada vez en más difícil mantener el ánimo. Esto de no saber a ciencia cierta qué día terminará la cuarentena hace que la espera resulte aún más desesperante. Además, cada día que pasa está más claro que la vuelta a la normalidad tendrá que esperar. No parece probable que una vez que salgamos a la calle, podamos ponernos a dar abrazos como locos a cualquier persona que nos crucemos por la calle, y nos metamos de cabeza a un bar a celebrar la recuperación de la tan ansiada libertad. Además, cada vez el cerco de al tragedia se va estrechando. Estamos a todas horas hablando con familiares y amigos y a veces alguno de ellos te anuncia la defunción de algún ser querido. No sabes cómo actuar en esos momentos. ¿Cuál es el término medio, la actitud justa, cómo mantener la compostura y el ánimo ante una noticia así? De repente entre todos los libros que has leído a lo largo de tu vida te das cuenta de que es imposible encontrar las palabras adecuadas. Pero hay que seguir, continuar andando a pasos cortos recordando en cada uno de ellos a nuestros seres queridos, los que están y los que ya no están a nuestro lado.

Como todos estos días, durante las últimas semanas me pongo a hacer la comida escuchando la radio. A esa hora el Gobierno ya ha dado los datos y hecho el balance de las últimas 24 horas. Ayer 410 muertes, hoy 399. Son datos buenos, dentro de la tragedia que siempre supone la muerte de tantas personas. Desde hace varios días el número desciende y eso, no diré que es motivo de una pequeña alegría pero sí de una agradable esperanza. Por fin parece que la dichosa curva de la que estamos todos penientes comienza a descender. Mientras sigo escuchando los comentarios de expertos y no tan expertos oigo una animación atípica en mi calle. Me limpio las manos en el delantal y así, con mi pinta de pinche de cocina, que uno estos días ha perdido las ganas de seguir aparentando algo de glamour, salgo al balcón (al menos el delantal tapa el chandal). Hay un acalorado debate de balcón a balcón. Incluso veo gente en ventanas y terrazas en las que pensaba que no había nadie. Por supuesto, el tema es el coronavirus y cómo está afectando a nuestras vidas. Se comparten momentos vividos, cerveza en mano, durante el encierro, se gasta alguna broma, se ríe, se suspira con fingida desesperación, el ambiente es pese a todo, agradable. Que es lunes y vuelve a verse algo más de movimiento por nuestra calle, nuestro universo. Alguien pregunta entonces que si aprenderemos algo de todo esto. Se hace el silencio durante unos segundos y las voces vuelven a brotar como briznas de césped. Los comentarios son de nuevo variados, está claro que a todos, estos días los están marcando. La respuesta final parece unánime. Nadie en mi calle piensa realmente que recordaremos durante mucho tiempo la lección que nos está dando la pandemia. “El ser humano no escarmienta” apuntilla un vecino. Y todos asienten con diversos gestos. Yo no estoy de acuerdo, no he participado en la tertulia, pero he escuchado con atención las aportaciones de unas y de otros y noto en todos ellos cambios sutiles. De algún modo yo sí espero que de todo esto surja una sociedad nueva. El ser humano no escarmienta, pero a base de palos va encontrando su camino, aunque tenga esa innata tendencia a salirse pronto de él. El cambio no será drástico, eso creo que tampoco sería bueno, pero espero que de toda esa nostalgia por las personas que más queremos, por la necesidad de recuperar el contacto físico, por volver a sentirse próximos a otros, por la avalancha de recuerdos que nos cubren estos días, por descubrir en nosotros una profundidad inaudita, por la certeza de comprobar la inutilidad de tantos de los objetos que nos rodean habitualmente, por el desgaste vano de tantos hábitos a los que nos sentimos obligados sin tener motivo... Por todas estas nuevos pensamientos y sensaciones que se han apoderado de nuestro día a día, creo que serán muchos los que que serán nuevas personas, mejores personas, las que salgan de nuevo a la calle. Esta es mi pequeña alegría. Me vuelvo así, a la cocina, de donde empieza a salir olor a quemado, con una ligera sonrisa.

Pongo de nuevo la radio. Están hablando ahora de que en Aragón se están empezando a repartir diplomas a los niños que han superado con paciencia la cuarentena. Así a bote pronto, me parece un gesto bonito. Pero viendo los comentarios que desatan la noticia, en unos minutos empiezo a dudar de mi idea inicial. Solo de una cosa estoy seguro: los niños son seres maravillosos, con los adultos no lo tengo tan claro.

PEQUEÑAS ALEGRÍAS, 7: DEPORTE SIN SALIR DE CASA

Uno, que con bastante frecuencia tiene el alma de un cántaro, quiso el otro día, después de varias semanas de confinamiento, empezar a hacer algo de deporte por eso de que se acercaba el verano y había que lucir de nuevo el tipito por las playas y piscinas patrias. Pasé bastante rato mirando en diferentes tiendas online a ver qué máquina podría comprar, que fuese baratita y que sin mucho esfuerzo me sirviese para sudar un poco todas las tardes. Por supuesto, ingenuo de mí, no encontré ninguna disponible, ni había posibilidad de que pudiese comprar alguna en las próximas semanas. Probé con diferentes modelos de bicicletas estáticas, elípticas, maquinas para remar y hasta unos rodillos que me permitiesen hacer algo de bici sin salir del salón. Acabé mi búsqueda apuntándome a diferentes listas de espera, sin mucha esperanza de poder conseguir alguna de esas sofisticadas máquinas de tortura del siglo XXI, antes de que termine esto de la cuarentena. Luego leía por ahí que muchos de los productos relacionados con la gimnasia, tanto máquinas, como ropa, como otros accesorios  se agotaron en los primeros días de encierro, algunos incluso antes. Esto me lleva a la misma conclusión como cuando me enteré que se habían agotado la levadura y la harina para la repostería. No cabe duda de lo importante que es el deporte y como este se convierte en una actividad casi imprescindible para gozar de buena salud tanto física como mental. Una necesidad que se multiplica aún más en estos días en lo que nuestra movilidad se ha visto reducida de manera tan drástica.

Yo escribo esto desde mi suprema ignorancia y recelo. No diré que no me gusta el deporte o que no lo practico, de hecho suelo darme mis paseos en bicicleta siempre que llega el fin de semana y me conozco bastante bien todas la vías verdes que rodean Albacete, que de eso, como de tantas otras muchas cosas, está bien servida. A veces también voy a echar ratitos de baloncesto, intentando emular a mis figuras deportivas de la adolescencia, a saber, gente como Villacampa, Epi o Iturriaga, aunque quedándome incluso en sueños a bastante distancia de ellos. Llegado el verano también disfruto dándome mis buenos chapuzones en la piscina municipal de Chinchilla y haciendo algún largo que otro. Digamos que soy de la escuela rural, de algún modo, sigo practicando los deportes a los que tenía acceso en el pueblo y con los que llenaba junto al resto de amiguetes todas las tardes. Teniendo un balón, un descampado y un puñado de piedras para hacer las porterias uno era bastante feliz.

La fiebre por los gimnasios me llegó mucho más tarde y solo me dió de refilón. Como buen español, llegaba septiembre y me apuntaba a un gimnasio e incluso algunos días hasta me atrevía a entrar. Pasaba más tiempo arrinconado en la última máquina de pesas sin atreverme a hacer mucho ruido no fuese que algún monitor le diese por ponerme una tabla de ejercicios. Así que ahora, estos días en los que vuelve a picarme la curiosidad, no sé muy bien por dónde empezar. Mi primer intento fue improvisar una pequeña canastita en el salón y practicar el tiro con una pelota pequeña. Lo único que conseguí fue un dolor de espalda porque me pasaba más tiempo buscando la dichosa pelotita rodando por debajo de las mesas o entre las patas de las sillas.

Afortunadamente, los amantes del deporte estas semanas  disponen de mejores opciones para hacer todo tipo de ejercicios, o casi todos. Rebuscando por ahí, preguntado entre amigos y amigas, es fácil encontrar algún programa, web, tutorial o lo que sea con el que puedas mantenerte entretenido a la vez que desentumecer tus músculos. No cabe duda, de que esto del deporte es adictivo por lo bien que te hace sentir. Y sin duda una buena vía de escape y una alegría con la que ir llevando mucho mejor, y de manera saludable, estos días de confinamiento. Como siempre, os pongo el enlace a un par de páginas desde las que podréis practicar vuestra afición favorita, sudando lo justo y sin perder la sonrisa.




'Muévete en casa' es el espacio con el que La 2 de TVE anima a todos los ciudadanos a cuidar su forma física desde sus domicilios durante el tiempo de aislamiento. Un programa con ejercicios sencillos y diferenciados por edades, conducido por el profesor de fitness de OT, Cesc Escolà, cada mañana de 09:00 a 09:30h, aunque desde la página web, tú puedes realizar las sesiones a la hora que mejor te venga. Yo, ni conozco a este señor y suponto que eso de OT se referirá a Operación Triunfo (sigo sin entender esa manía de las abreviaturas), pero son programas entretenidos, fáciles de hacer y siempre usando materiales que puedes encontrar habitualmente en cualquier casa.




A través de youtube ofrece varios canales desde los que podrás
practicar yoga, mejorar tu técnica para correr, realizar ejercicios de relajación o prepararte zumos sanos.



Por supuesto, si conoces más sitios de interés no dudes en enviarlos y compartirlos con nosotros.
¡Ahora todos a sudar!

PEQUEÑAS ALEGRÍAS, 6: LA BIBLIOTECARIA DESTRONADA

Nunca nadie ha sido más feliz por perder una corona que ha lucido una temporada pero que le ha pesado demasiado. Y digo destronada porque durante este tiempo esa corona ha inutilizado mis mermadas facultades, impidiéndome trabajar codo con codo con mis compañeros y compañeras que lo están dando todo. La Biblioteca de Peñafiel, un ejemplo de profesionalidad y de integración de la biblioteca en la comunidad, dedica todos los días un abrazo a alguien, persona, institución, proyecto, colectivos que en esta inesperada crisis juegan papeles decisivos y resolutivos, pasivos y sufridores en otros casos. Este gesto une más a estos magníficos profesionales con sus vecinos que no han perdido el contacto con este centro de encuentro y convivencia que es su biblioteca. Por todo esto, yo, vil imitadora, quiero dedicar también desde mi confinamiento (palabreja que se ha puesto de moda) un ABRAZO muy fuerte a todas las compañeras y compañeros bibliotecarios de las Bibliotecas de Castilla La Mancha por el esfuerzo que están realizando para seguir activando sus bibliotecas, aprendiendo e ideando nuevos recursos con los que seguir fidelizando lectores. En particular este abrazo va dirigido a mi gente de la BPE de Albacete (lo siento, barro para casa) porque ellos sí que hacen honor al dicho “la unión hace la fuerza” y una vez más han demostrado que cuando los acontecimientos se tuercen su capacidad de reacción se multiplica y luchan y trabajan al unísono dejando en la cuneta todas las diferencias. Va por ellos.”

Hace poco, una compañera de trabajo nos dedicaba estas palabras, que titulaba "La bibliotecaria destronada". Qué quieren que les diga, uno que estos días está muy sensible con cualquier muestra de entereza, de profesionalidad, de sacrificio y de tantos otros buenos valores que tanta gente está demostrando estos días, se emociona
con gestos así. Esta compañera que ha tenido la mala suerte de tener que bregar con el bicho, una vez que se deshizo de él, nos dedicó estas palabras que tanto emocionan y se agradecen. Sin duda, el reconocimiento tanto de compañeros como de las personas hacia las que va dirigido nuestro trabajo, sea cual sea, es otra pequeña alegría a la que aferrarse estos días. En este caso, diría que es más una gran alegría. El trabajo, suena raro decirlo, está siendo estas semanas una de las principales vías de escape de mucha gente. Es cierto que las condiciones son en la mayoría de los casos peores que cuando se realizaba el trabajo en condiciones habituales. Hay que estar pendiente y pelear porque estas sean las más seguras posibles. Basta escuchar los comentarios de personal sanitario, que desde los primeros días se vieron desbordados por la falta de material, de personal y de previsión. Ellos han sido los primeros en demostrar una gran entereza y en multiplicar su esfuerzo. Va para ellos nuestro agradecimiento todas las tardes a las ocho. Aunque está claro que el agradecimiento no deberá quedarse ahí una vez que todo esto haya acabado. Y que también habrá que aplaudir y agradecer como se merecen a todas aquellas personas que con su trabajo diario, su tenacidad y su capacidad de resistencia están haciendo que estos días sean lo más llevaderos posibles. Así que recuerda, tu agradecimiento siempre reconforta y ayuda, del mismo modo que han reconfortado las palabras de nuestra compañera. Agradece que no es poco.

PEQUEÑAS ALEGRÍAS, 5: LA COCINA

Empiezan a rondar por los periódicos una serie de noticias advirtiendo que están empezando a agotarse las levaduras y harinas de todo tipo. Parece ser que a la mitad de los españoles les ha entrado una fiebre repostera o incluso se están planteando hacerse su propio pan. Que no se alarmen las panaderías porque mientras tanto la otro mitad sigue yendo a comprar el pan religiosamente todos los días. Un servidor no deja de ver cada mañana desde el balcón a gente paseando tan ricamente con su pan bajo el brazo. Leí también por ahí que a alguien lo habían detenido porque salía a pasear todos los  días con la misma barra, y claro, lo pillaron porque un día el pan se le cayó al suelo y partió un par de baldosas del acerado público. Pero eso es otra historia, allá cada uno con su picaresca. El caso es que estamos en plenas fiestas de semana santa y de algún modo hay que llevar a casa un poco de ambiente festivo. Y que mejor manera de hacerlo que a base de dulces y demás chucherías. Lo que está claro es que estas semanas, la cocina, por aburrimiento y también por necesidad (algo tenemos que comer todos los días) se está conviertiendo en otra de nuestras pequeñas alegrías. De todos lados me llegan noticias y comentarios de cómo se están desempolvando mandiles, sacando de sus rincones robots culinarios y utensilios de cocina para ponerse con las manos en la masa. Con más o mejor acierto, la creatividad gastronómica se está disparando en todos los hogares del país. Puede que el único español que aún no haya hecho ningún alarde en este sentido sea quien escribe esto. Lo siento, soy un auténtico negado para este noble arte. A duras penas logré durante de mi época de estudiante dar el salto de abrir un lata de atún a freir un huevo. Mi único experimento estos días ha sido hacerme una fuente de dos litros de arroz con leche que he tardado en comerme casi una semana. Milagrosamente, sigo manteniendo el tipo, la báscula aún no sale corriendo cuando me ve venir.

Dejo sin embargo un enlace a una noticia de la web cultura inquieta en la que desde Tokio una madre muy original, (Etoni Mama, al parecer muy conocida en Instagram) convierte mundanos huevos fritos en auténticas piezas de museo. Por supuesto, animo a todo el mundo que mande sus aportaciones a este blog, que sigue queriendo ser una especie de diario de esas pequeñas cosas que vamos descubriendo día a día y que nos hacen esta cuarentena más llevadera. ¡Buen miércoles y ánimo con todo!

PEQUEÑAS ALEGRÍAS, 4: LA MÚSICA Y EL HUMOR

Del mismo modo que uno aprovecha estos días para rescatar esos libros que llevan años esperando en la estantería (ese regalo de reyes aunque ya no recuerdas de quién, ese libro tan gordo que no puedes llevar en el metro o ese libro que siempre has querido releer pero que te hace sentir una pequeña punzada de temor a que no esté a la altura de tu recuerdo), estamos aprovechando para dedicarle tiempo, bendito y maldito tiempo, a esos cds, carpetas del ordenador o móvil, cuentas de spotify, incluso vinilos y casettes. Porque como decía Nietzsche la vida sin música sería un error, y más en estos tiempos. Ahora más que nunca podemos recurrir a ella para mantener alto el estado del alma. La carga emotiva que arrastran nuestras canciones favoritas puede ser un escondite fundamental en el que pasar encerrados muchas horas. Aprovechando el paseo semanal al contenedor de basura me he traído del coche, la maletita con mis viejos cds, esos que solo escucho cuando voy de viaje. Pasaré días escuchando esos discos con la mayor atención posible, tirado en mi sofá y dejándome llevar por melodías, acordes y estribillos. Disfrutando de la música como debe ser disfrutada. Transformando así la vida en el mayor de los aciertos.
Salgo al balcón y tras los aplausos diarios disfruto con una sonrisa del himno de mi calle, el que viva España de Manolo Escobar, que pensaba no volvería a escuchar hasta una próxima verbena popular. Y desde Aranjuez, me mandan esta versión maravillosa del que sin duda está siendo uno de los himnos, ya no solo de mi calle sino de todo el país. En fin, otra canción que llevaba tiempo sin escuchar y que de la mano de esta pianista se convierte en una pequeña obra de arte. ¡Gracias a todos esos artistas que desde casa, siguen manteniendo viva la música!

¿Y qué decir del humor? Son increíbles las muestras de originalidad que está demostrando la gente a la hora de crear esos chistes que nos hacen esbozar una sonrisa que en un impulso, lo compartimos en segundos con seres queridos. Sabíamos que en este país no podía ser de otro modo. Qué mejor manera de darle la vuelta a los malos ratos que con unas cuantas sonrisas. Desde aquí, imposible hacer siquiera un pequeñor resumen, de todo lo que está llegando a mi móvil. De hecho es un no parar y a veces hasta tengo que apagarlo para poder centrarme en otras cosas. Ya vendrán sexudos análisis sobre el número de chistes, bromas, memes y demás coñas artesanales que se crearon estos días y sobre lo que supuso para quién lo creaba cómo para quien lo recibía. Yo solo os dejo el último que ha pasado por mi pantallita, que mira qué coincidencia, tiene que ver con la música. En fin, cada día el número de contagiados crece, desafortunadamente también el número de muertos. Se estrecha el círculo y ya vamos conociendo algún familiar o persona que ha sufrido alguna pérdida. Mientras tanto, solo nos queda hacer lo que se nos ha pedido, quedarnos en casa. Ya que no podemos ayudar de otro modo, intentemos al menos no estorbar, recordemos a los seres queridos que nos dejan y disfrutemos intensamente de lo que tenemos cerca. Y cuando el ánimo flojee, busca y agárrate a alguna pequeña alegría.

PEQUEÑAS ALEGRÍAS, 3: PAPIROFLEXIA, ZUMOS NATURALES Y PASEOS BAJO LA LLUVIA

Pasan los días y la gente está más nerviosa. Y los que están al pie del cañón están más cansados. Comparados con ellos, seguimos siendo muy afortunados. Aguantamos la rutina gracias al teletrabajo, caótico, inestable pero que nos permite mantenernos ocupado a golpe de teclado y ratón. A ratos aguantamos, a ratos disfrutamos con quienes nos ha tocado compartir espacio. Hace unos años médicos, enfermeras y demás personal sanitario nos pidieron que salieramos a la calle a defender sus puestos de trabajo y denunciar el desmantelamiento de sus hospitales. Se llenó en país de mareas de muchos colores. ¿Qué hiciste tú? Ahora nos piden justo lo contrario, que nos quedemos en casa. Y uno, desde esta trinchera de algodones a veces no puede evitar sentirse un poco inútil, bueno, incluso bastante inútil. Pero hay que seguir, lo que nos han pedido es muy fácil. Cuando esto acabe, en vez de salir corriendo a llenar de nuevo bares, estadios, gimnasios o salones de belleza a ver si recompesamos su esfuerzo como se merecen. Que no nos engañen quienes se darán prisa en volver a sembrar el odio entre nosotros y por una vez, hagamos algo juntos. Después de los aplausos de cada día debemos premiar como se merecen a esos héroes de bata blanca, de camisa de camionero, de guantes de limpiador, de gorro de policía, de mandil de dependienta...

No sé si tendremos el cuerpo para muchas alegrías despues de más de una semana de encierro. Algunas personas me siguen enviando sus pequeñas sorpresas diarias y yo quiero compartilas con vosotros. Para eso se creó este espacio. Alguien por ejemplo me cuenta cómo a descubierto el gusto por la papiroflexia. En fin, no logra hacer que nada se parezca a lo que debe ser pero encuentra entretenido este ancestral arte de darle vida a trozos de papel. Cada día acepta un reto de un amigo y se afana en doblar unos pedazos de folios. Otro de los placeres que ha retomado estos días es el de hacer sus propios zumos. Escondida en un armario ha vuelto a utilizar una vieja licuadora que ya había olvidado. Despiste de algún regalo de cumpleaños que se fue sepultando entre trastos viejos. Una amiga me contó por teléfono lo bonito que le resultó un paseo por la lluvia mientras iba a la compra. Yo no pude evitar sentir envidia y al día siguiente bajé a sacar la basura justo en el momento que más llovía. Disfruté de cada paso que di hasta el contenedor del mismo modo que si estuviese paseando por un continente recién descubierto. Me dejé el paraguas en casa para sentir sobre mi cara el agua, el viento fresco, la sensación de tener sobre mi cabeza nubes grises y no simplemente el techo de mi salón.

PEQUEÑAS ALEGRÍAS: 1, EL VENCINDARIO, EL AJEDREZ Y LA RADIO.

Cada vez son más numerosas las noticias que hablan del colapso sanitario y del enorme esfuerzo que están haciendo todos los empleados de hospitales, centros de salud y demás, así como trabajadores de comercios, transportistas, cuerpos de policía y seguridad del Estado y un largo etc. para que esta situación de crisis se normalice lo antes posible. Mientras tanto, la mayor parte de las población aguantamos como podemos encerrados en nuestras casas. Seguro que durante todos estos días recurriremos a cualquier cosa para mantenernos ocupados. Son días de recuperar viejos juegos, libros acumulados en las estanterías, de hacer llamadas de teléfono o de compartir momentos con seres queridos a los que muchas veces por falta de tiempo no podíamos dedicarles toda la atención necesaria.

Yo vivo solo y así tendré que pasar la cuarentena. Tiene sus ventajas y también sus inconvenientes. En este blog hablaré solo de esas ventajas, en concreto de las pequeñas cosas que estas circunstancias forzosas me han hecho recuperar. Las pequeñas alegrías que nos deparan estos días extraños. Por lo pronto, son las ocho y cuarto de la tarde y acabo de salir al balcón para darle ese aplauso merecido a todo el personal sanitario que tan duramente y asumiendo tantos riesgos está trabajando. Es sin duda un momento emotivo que además me está permitiendo descubrir la dimensión humana de mi vecindario. De repente, veo salir gente en balcones y ventanas de pisos que creía vacíos. Veo como los vecinos hablamos entre nosotros a voces. Se gastan bromas y se comentan las últimas noticias del día. Es una alegría escuchar durante todo el día a los niños y niñas de la calle llamarse a gritos y proponer algún juego.

De puertas para dentro yo he hecho dos grandes redescubrimientos: el ajedrez y la radio. He sacado del fondo
de un cajón un tablero electrónico. Ahora puede parecer un poco arcaico, pero en su momento fue un gran regalo de reyes. Cada tarde, después de comer y acompañado con un té, juego una partida. El balance por ahora resulta un poco desalentador: una victoria y cuatro derrotas. Pero lo importate es que mientras estoy jugando, permanezco concentrado, acurrucado en el sofá y a ratos recordando cuando me enseñó mi padre a jugar, los berrinches que cogía cada vez que me vapuleaba y el momento casi mítico en mi infancia que supuso ganarle la primera partida. Recuerdo por ejemplo, con mucho cariño una partida que nos tuvo enfrascados durante toda una tarde de domingo para al final hacer tablas. Acabé incluso con dolor de cabeza pero estaba radiante. Había sido un gran domingo.
La radio, la verdad es que no he dejado nunca de escucharla. Con las nuevas tecnologías resulta muy cómodo escuchar tus programas favoritos fuera de la hora de emisión. Los puede uno llevar en el móvil y desde ahí, escucharlo cuando más te apetezca. Pero esto días estoy escuchando la radio del mismo modo que hacía hace años. Con un radiocasette, en el que con una ruedecita voy buscando y sintonizando con mucho tacto alguna emisora. Salto de una a otra escuchando las noticias o lo que vayan emitiendo. Me encanta ese momento cuando pasas cerca del aparato y la estática crece o se va a su antojo. Por supuesto, ese sonido algo carrasposo, ese ir y volver del volumen, ese esperar a que sea tal hora para escuchar determinado programa. Todo eso me hace recordar otros tiempos y me hace sentir bien, es lo que tiene la memoria, todo lo hace más bonito. Recuerdo las tardes de verano escuchando la música en emisoras locales, recuerdo a Sardá y el señor Casamajor (qué tardé años en descubrir que era él mismo), recuerdo tardes de domingo escuchando el carrusel deportivo, con todos los partidos en el mismo horario, y los gritos de los locutores anunciando cada gol en uno u otro estadio. A mí, que realmente no me gustaba mucho el fútbol, sin embargo, disfrutaba enormente de esas retransmisiones deportivas. En fin, gracias a estas pequeñas sorpresas, pues va llevando uno mucho mejor estos días y gracias a los recuerdos que despiertan esas pequeñas e inesperadas alegrías, algunos momentos alcanzan una dimensión que no esperaba. Espero que a vosotros y vosotras también os esté pasando algo parecido. Animaros a contar esas historias en este espacio.

estadodelalma2020@gmail.com